¿Cuantas vidas puedes vivir?
Los psicólogos aseguran que no hay relación directa entre el rol y la violencia.
Mediante un juego de rol podemos reproducir en nuestra imaginación como siente un vampiro, el dolor de una daga clavada en tu costado de caballero o la satisfacción de un enano tras solucionar un complicado misterio.
Los juegos de rol llegaron a España hace casi 20 años y a pesar de su mala fama cuentan con un amplio número de incondicionales. Esta diversión consiste en inventar una aventura imaginaria donde tú eres el verdadero protagonista y el responsable de tus actos. En esa aventura se establecen una serie de reglas, cada jugador presenta una personalidad concreta.
Una partida de rol se semeja a una “narración colectiva” y puede asemejarse al teatro improvisado con la diferencia de que no hay guión y los actores tienen absoluta capacidad de decisión.
El primer juego de rol, Dungeons&Dragons, nació en EE.UU en 1974. Su llegada a España se produjo a finales de los 80, desde entonces no se dejó de ganar adeptos. Hoy este juego mueve unos cien mil jóvenes que se concentran principalmente en las grandes ciudades (Barcelona, Madrid). Galicia cuenta con un colectivo de roleros considerable, sobretodo en Pontevedra, Ferrol y La Coruña; existen asociaciones encargadas de la organización de torneos y otras actividades. Denís Fernández dirige partidas de rol dentro de la Asociación Juvenil Ítaca y asegura que a pesar de todo su tarea no es fácil pues aún existen determinados mitos. Sin embargo lo cierto es que “jugar al rol no tiene más peligro que jugar a la oca o al parchís”. El problema reside en la mente del jugador. Por ejemplo en el caso famoso ‘crimen de rol’ de 1994 los chicos jugaban a ‘Razas’, un juego inventado por ellos con similitudes al rol donde matar sí formaba parte de las reglas. El psicólogo Agustín Godás afirma que sí existen patologías relacionadas con los juegos de rol, pero en todos los casos se dan en gente con ciertos problemas mentales. Hay mucha gente que considera el rol como un juego violento. Pero según Esteban García, filólogo aficionado al rol, esta opinión se debe a que desconocen la diferencia entre violencia y conflicto: “la
violencia es mala, el conflicto es lo que da sentido a la historia. La solución no está en sacar el bicho más grande sino crear un conflicto más maduro”.
¿En qué consiste un juego de rol? Una partida de rol puede durar de minutos a meses. Para jugar son necesarios, un mínimo de cuatro jugadores y un máximo de seis. Entre los jugadores el Director del juego o Master que es el encargado de proponer a los demás la base de una historia (fantasía, terror, espionaje..) y una misión, también establece las reglas que se han de seguir. El papel del Master es el más complicado porque debe dominar todos los detalles. No todo el mundo quiere ser master “a veces ser master es muy frustrante porque los jugadores no reaccionan como lo esperabas” afirma Denís Fernández, en cambio Enrique Fernández (rolero desde hace 10 años) afirma “tiene muchas más posibilidades que ser jugador”.
Perfil de jugadores. Resulta muy difícil categorizar a los roleros, hay quién los cataloga como frikis, pero no hay unanimidad. Según Santiago Navia, dueño de la tienda ‘ A Gata Tola’ una buena parte se pueden considerar frikis pero con diferencias entre ellos. El perfil medio es de chicos de entre 15 y 25 años, preferiblemente universitarios y de ámbito urbano. El mundo del rol es en su mayoría masculino, Edit Iseo Bolaño es una de las pocas chicas jugadoras en Galicia.
Pero lo cierto es que los roleros son un grupo muy heterogéneo donde sólo se podría citar una característica común: una gran imaginación.
Asegura Denís Fernández que: “si todo el mundo olvidara los prejuicios y probara el juego una vez a la mayoría le iba a gustar. A nadie le disgusta ser el protagonista de la historia”.
¿Objetividad?
“Quién, qué, cómo, cuando, dónde y por qué”. Estos cinco interrogantes son lo que se llama los “hechos materiales” principales de un suceso.
El periodista que responde en primer lugar a estas cuestiones podrá afirmar que ha sido “objetivo”. Pero, ¿existe realmente la objetividad en el periodismo?
Hasta hace poco pensaba que es posible ser objetivo, y que un periodista podía limitarse a contar única y exclusivamente lo que ocurre. Esta idea se trastocó cuando llegó a mis manos un artículo de una periodista americana Gaye Tuchmann, este artículo se publicó en 1972 en la revista American Journal of Sociology.
Después de leer este artículo llegué a la conclusión de que siempre es posible poner en duda la objetividad de un periodista. Uno, según Tuchmann, nunca es objetivo del todo. Resulta que la palabra objetividad <<se usa defensivamente como un ritual estratégico>>
Un periodista cree que puede reducir las continuas presiones que sufren al poder proclamar que su trabajo es “objetivo”. Así el periodista proclama su objetividad echando mano de procedimientos que ha seguido. Por ejemplo: cita a terceras personas en lugar de ofrecer simplemente sus propias opiniones, <<proporcionando un número suficiente de datos al consumidor de noticias para que decide por sí mismo>>. Otro recurso con el que se ayudan para proclamar que sus textos son objetivos es el <<uso juicioso de las comillas>>. Al intercalar la opinión de alguien más creen que se alejan ellos mismos de la participación en la historia. Un reportero utiliza todas las comillas posibles para aplacar la opinión de sus jefes de edición. Y como dice la propia Tuchmann <<Aunque el reportero estuviera de acuerdo con las afirmaciones las comillas le permiten afirmar que no ha interferido con sus opiniones en el asunto. Las comillas convierten a la historia en “objetiva” y le protege ante sus superiores>>
Los periodistas se refugian en el concepto objetividad para evitar represalias (tanto de sus superiores como jurídicas) pero no son los únicos como afirma Everett Hughes, sociólog, <<la mayoría de las profesiones desarrollan procedimientos ritualizados para protegerse a sí mismos de las acusaciones>>. Esto ocurre en profesiones como pueden ser la enseñanza, la medicina…
Después de leer el artículo de Tuchman, y plantearme serias dudas, me puse en contacto con la desde hace 4años es la Redactora-jefe de los informativos de Localia es Santiago de Compostela, Inés Peleteiro . Mi pregunta fue sencilla: ¿se puede ser objetivo en una profesión como el periodismo? Su respuesta fue clara: <<imposible>>. Inés Peleteiro afirmó que es imposible ser objetivo porque “siempre existen unos condicionantes a priori”. Es decir nunca se puede ser objetivo ya que el quien escribe tiene siempre unas ideas predefinidas acerca del tema que está tratando. Esta redactora se identifica con las ideas de Gaye Tuchman.
Mi conclusión en principio era clara: un periodista puede ser objetivo, hay periodistas que se limitan a informar, se limitan a responder a las cuestiones con las que abría este reportaje: quién, qué, cómo, cuando, dónde y por qué. El verdadero periodista nos muestra lo hechos como son y no necesita refugiarse bajo el concepto “objetividad”.
Después de haber contrastado la opinión de dos expertas en el mundo de la comunicación he llegado a la conclusión de que la objetividad no existe a la hora de informar. Un periodista podrá inmiscuirse en mayor o menor grado en sus escritos, pero detrás de estos siempre estarán sus “opiniones”.
Es decir, la palabra “objetividad” se usa defensivamente como un ritual estratégico.